domingo, 3 de agosto de 2008

Gobierno de Dorrego. Paz interna y paz honorable con Brasil (27 de Agosto de 1828 – 2008: 180º Aniversario)

La pérdida de la provincia Oriental fue sin duda dolorosa, porque era un brazo de la Patria Grande; pero resultaba un triunfo su independencia, luego de la gravísima situación provocada por Rivadavia y sus consejeros.

RIVADAVIA comprende que, salvo el grupo de extraviados que lo rodea y aconseja, todo el país está en contra y que el furor del pueblo es ya irreprimible. Tratando de ganar tiempo, hace gestos de indignación, afirma que el ministro GARCÍA “se ha excedido”, y rechaza las condiciones de paz. También el Congreso, pese a que se había entregado a los manejos unitarios, se asusta y no refrenda el tratado. Pero todas estas maniobras resultan inútiles, y la ira del país, tanto tiempo contenida, va en aumento. RIVADAVIA se ve obligado a renunciar y se aleja de la Argentina.
Ha terminado la Presidencia; otra vez el liberalismo extranjerizante – ahora se llama Unitarismo – ha caído, arrollado por sus errores políticos y traiciones. Pero, deja al país en una terrible encrucijada.
El Congreso se disuelve, y queda interinamente a cargo del gobierno el doctor LÓPEZ y PLANES, quien renuncia en 1827.
La Sala de Representantes, cuerpo colegiado de la provincia de Buenos Aires, se reúne, y elige gobernador al jefe del Partido Federal, coronel MANUEL DORREGO.
Entretanto, la guerra con Brasil ha proseguido.

Ya en el gobierno de la provincia DORREGO (13 DE AGOSTO DE 1827), de inmediato restableció el acuerdo con las restantes provincias, las que reconocieron al gobierno de Buenos Aires la facultad de regir los asuntos exteriores y la guerra.
DORREGO tiene que afrontar la gravísima situación legada por RIVADAVIA. No hay dinero, y el Ejército, que está luchando desnudo, sin suficientes armas de fuego ni municiones y sin caballada, pide auxilios urgentes y la paga de los soldados. No hay créditos, pues una hipoteca (el Empréstito) traba la libre acción económica (y la diplomática); y para colmo, en caso de buscarse una paz honorable con Brasil, pesa como antecedente y lastre el rechazado e inadmisible pacto anterior. A todo esto debe agregarse que nuestra flota se halla en pésimas condiciones y que en lo interno debe lograrse otra vez la armonía con las provincias autónomas.
El gobernador no desmaya ante tan cúmulo de dificultades, que parecen próximas a hundir a las provincias unidas. Trabaja titánicamente, con paciencia y encendido patriotismo, secundado por buenos ministros federales, que lo son: MANUEL MORENO, hermano del malogrado Don Mariano, el general JUAN RAMÓN BALCARCE, y JOSÉ MARÍA ROXAS y PÀTRÓN. Para fortalecer los vínculos inter-provinciales, promete llamar a una Convención Nacional (palabreja CONGRESO sonaba a traición en las provincias unidas y era odiaba por los federales), la cual debe elaborar una Constitución de acuerdo con el sentir y el pensar de los pueblos de la Unión del Sur. Dicha Convención tuvo su sede al año siguiente (1828) en la ciudad litoral de Santa Fe de la Vera Cruz, con lo cual DORREGO dio pruebas de su afecto y respeto por Interior, por las autonomías provinciales federales. Porque, con harta razón, desconfiaba de la ciudad de Buenos Aires.

Si bien en lo interno todos los peligros fueron superados y hasta evitados, no ocurría lo mismo con la situación internacional, pues aunque el ejército brasilero no presentaba batalla, y se retiraba de continuo, nuestras tropas veteranas estaban prácticamente desarmadas y sin recursos logísticos. Además, la flota, pese al heroísmo del Almirante GUILLERMO BROWN y sus bravos marinos, debía batirse en desesperante situación de inferioridad, “una montonera en el mar”. A esto se agregaba que los unitarios, perdidas las situaciones públicas, se trasladaron a la Banda Oriental del Río, donde conspiraban y dividían a la Nación, lo cual daba por resultado que la retaguardia del Ejército iba siendo minada y debilitada.
Si en lo político los unitarios pueden ser disculpados, esta actuación es pasible de condena moral y de la otra, incluso con el calificativo de traición, o cuando menos como de escaso tacto patriótico. Y lo más grave es que entre los conspiradores se hallaban jefes y oficiales del ejército en operaciones, el Ejército argentino republicano.

Sin embargo, la firmeza del gobernador DORREGO, el apoyo que recibía del Interior, el gobernador santafesino DON ESTANISLAO LÓPEZ (llamado el Patriarca de la Federación) movilizaba tropas para sorprender al norte de Brasil, y el coraje inaudito de nuestros soldados y marinos, por el cual y sólo por él, el Ejército podía todavía marchar y la flota presentar batalla, hicieron comprender a la diplomacia inglesa y a Brasil que la guerra no la perdería la Argentina y sus Provincias Unidas, sino, por el contrario, podía obtener nuevos triunfos, incluso algunos de gravedad para Río de Janeiro, como era la posible captura o independencia de Río Grande do Soul. Entonces Brasil, por intermedio de Gran Bretaña, hizo saber que ofrecía negociaciones sobre la base de la Independencia de la Banda Oriental.
Ante esta situación, DORREGO recurrió a los servicios de un hombre singular para la diplomacia y patriota a carta cabal, soldado de la Independencia, ex consejero y confidente de SAN MARTÍN: era DON TEMÁS GUIDO, quien fue enviado a Río de Janeiro para tratar y alcanzar una paz digna.
Advertidos de esta negociaciones, los unitarios iniciaron de inmediato una mordaz guerra de acción psicológica y guerra periodísticas y de panfletos contra DORREGO. Y nada menos que culpables directos de la situación angustiosa del Ejército, AGUËRO, DEL CARRIL, y VARELA (éste expulsado de la administración por ladrón), escriben que DORREGO tiene “hambrientos y desnudos” a los soldados y que trama una paz vergonzosa con Brasil.
La audacia de estas manifestaciones, que llegan al más crudo cinismo, pintan el patriotismo de los jefes unitarios.

EL 27 DE AGOSTO DE 1828 (ESTE MES SE CUMPLEN CIENTO OCHENTA AÑOS) fue firmada la paz; y gracias a la entereza de DORREGO, el patriotismo de GUIDO, se consiguió resguardar el HONOR de la Nación de las Provincias Unidas y la soberanía de sus ríos, como así se evitó que la Banda Oriental, el Uruguay, segregada desde entonces de la Patria Grande, cayera de nuevo bajo el dominio brasileño.
Así, por el tratado de 1828, la Banda Oriental, aunque no se reintegra a la Argentina, tampoco queda en poder de Brasil, es decir, se erige en Estado independiente; se reconoce la soberanía argentina de la isla Martín García, centinela del Río de la Plata, y la navegación de los ríos se garantiza recíprocamente entre las dos potencias signatarias, sin que en tal cuestión participen terceras naciones (Inglaterra), asunto que hubiera significado una tutela o protectorado inaceptable.
La pérdida de la provincia Oriental fue sin duda dolorosa, porque era un brazo de la Patria Grande; pero resultaba un triunfo su independencia, luego de la gravísima situación provocada por RIVADAVIA y sus consejeros.
Todo prometía entonces que la Argentina, salvados los peores peligros, esto es, la anarquía, la traición unitaria y la situación externa, ascendería en su marcha, libre de obstáculos, para cumplir con su glorioso destino.

Excurso: Se recomienda: ENRIQUE PAVÓN PEREYRA, “Bolívar, Dorrego, San Martín y la “Idea Estratégica” en la Primera Guerra con el Brasil”.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero nº 77 Córdoba, 2 de agosto de Pentecostés del Año del Señor de 2008.
Sopla el Pampero.
¡VIVA LA PATRIA GRANDE DE ARGENTINA Y URUGUAY!